Bienvenidos al blog de El Camino del Terapeuta

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Una propuesta participativa de terapeutas

Ideas clave del artículo:

  • El propósito de este blog como un proyecto colaborativo
  • Una reflexión sobre el concepto de salud y enfermedad
  • Una propuesta del concepto de terapia y terapeuta sobre la que poder opinar
  • El desarrollo de que lo importante no es centrarse en el tipo de terapia sino en la eficacia de esta y algunas ideas para avanzar en ello

Una propuesta para dialogar y crear conjuntamente

Mi intención es que este blog se convierta en un proyecto de compilación de buenas y malas prácticas en la terapia.
¿Para qué? Para poder reflexionar sobre las formas en que tenemos de practicarla. La palabra “reflexionar” es muy ilustrativa y está compuesta de “re” que significa “volver a” y “flexionar” que hace referencia a “doblar” o “adoptar nuevas formas”. Es decir, reflexionar aquí sería algo así como “abrirse a nuevas formas” de poder practicar terapia.

La idea es que este blog pueda ser un “canal de comunicación” con otros terapeutas que quieran aportar su experiencia y visión sobre las claves de la terapia. En un principio nos centraremos en la terapia psicológica (es el campo en el que estoy) pero no está cerrado, al contrario, a aportaciones de terapeutas de otros campos: en el fondo todos compartimos una serie de temas que nos unen. Para que todos aquellos que estamos en este “camino del terapeuta” podamos abrirnos a distintas formas de hacer terapia y, quizá, encontrar aspectos comunes de toda esa experiencia compartida: una especie de “esencia común” de la práctica terapéutica.

Por eso, las ideas y reflexiones que voy a poner en este artículo y en los siguientes están completamente abiertas a tus comentarios y aportaciones. Con este artículo comienzo el diálogo: estoy plenamente convencido que no hay una verdad única sino múltiples aspectos o visiones de ella y conocer esa diversidad es una riqueza fundamental del ser humano. Mi orientación es desde la psicología transpersonal, aunque también desde la psicología científica, pero me interesan muchas otras orientaciones y quiero estar abierto a todas ellas, así es que ¡son bienvenidas!

Por favor, si estás leyendo esto y quieres aportar algo desde la escuela o visión en la que crees, estaré encantado de recibir tus comentarios. ¿Qué se necesita para poder avanzar en este proyecto de blog? Es preciso centrarse y no perdernos para lo cual creo que hay que:

  • empezar concretando qué es terapia y qué es un terapeuta (y qué no lo es). Aquí pondré mi punto de vista como forma de empezar. Si tienes algo que añadir, hazlo y este criterio se irá enriqueciendo.
  • también reflexionar sobre los aspectos que son importantes en la terapia, aquellos sobre los que sería bueno poner atención para poder ofrecer un mejor servicio
  • definir qué es una buena práctica y una mala práctica y por qué pueden ser útiles. Me remitiré a lo que se usa también en otros campos (medicina, tecnología, empresas, etc.)

Los conceptos de salud y enfermedad no son tan claros

Vamos a comenzar por definir qué es terapia y qué es un terapeuta. Puede parecer algo obvio, pero nos vamos a dar cuenta que no lo es y que no va a ser tan fácil poder separar lo que es terapia de lo que no lo es (quizá no encontremos una línea clara que lo separe) De hecho, actualmente en la sociedad hay un debate abierto sobre lo que es “terapia” y lo que es “pseudoterapia” por lo que no nos vendría mal reflexionar sobre ello. El diccionario de la RAE da dos acepciones para “terapia”:

  • “Tratamiento de una enfermedad o de cualquier otra disfunción”
  • “Tratamiento destinado a solucionar problemas psicológicos”

Y “terapéutico” lo define como: “conjunto de prácticas y conocimientos encaminados al tratamiento de dolencias” Lo que parece claro es que la terapia tiene que ver con la enfermedad o la dolencia. Y esto nos lleva a explorar el concepto de “salud” y “enfermedad” porque se definen como opuestos.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) la salud  “…es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” (ver enlace). También para la OMS la salud mental “…es un estado de bienestar en el cual el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las presiones normales de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente y es capaz de hacer una contribución a su comunidad” (ver enlace).

Por otro lado, la APA (American Psychological Association) -que se considera una autoridad mundial en temas de psicología- define así la salud mental: “…es un estado de la mente caracterizado por el bienestar emocional, un comportamiento bien adaptado, una relativa ausencia de ansiedad y de síntomas incapacitantes, y la capacidad de establecer relaciones constructivas y de hacer frente a las exigencias y tensiones ordinarias de la vida”. También definen la enfermedad mental de esta manera: “…es cualquier trastorno caracterizado por alteraciones cognitivas y emocionales, comportamientos anormales, funcionamiento desajustado, o cualquier combinación de éstos. Estos trastornos no pueden explicarse únicamente por las circunstancias ambientales y pueden implicar factores fisiológicos, genéticos, químicos, sociales y otros”

 

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El sufrimiento psicológico es algo presente tanto en las enfermedades del cuerpo como en las de la mente. Photo by Claudia Wolff on Unsplash

 

La definición de la OMS es importante porque nos indica que:

  • hay un estado saludable
  • hay un estado de ausencia de enfermedad (que no tiene porqué ser saludable)
  • hay un estado de enfermedad (también se le puede llamar trastorno o afección)

Es decir, no hay una línea clara que separe la enfermedad de la salud sino que en la población habrá individuos con un grado de enfermedad grave o moderado, habrá una gran cantidad de personas que tengan dificultades en algunos aspectos sin que esto sea considerado “enfermedad” (es decir, algo más suave). Y luego estarán los “sanos”. En este contínuo de salud-enfermedad habría que poner atención en varios aspectos:

  • El estado de las personas no es fijo, sino que es cambiante y puede mejorar o empeorar dependiendo del momento y de las circunstancias. Esto dificulta situar a alguien en la enfermedad o la no enfermedad, especialmente en los estados intermedios. Por ejemplo, las estadísticas nacionales sobre ansiedad lo que reflejan es una “foto fija” en un momento dado sobre un porcentaje de personas necesitaron ayuda con ese problema pero quizá tras unos meses eso haya cambiado.
  • La valoración de la gravedad del problema puede tener un carácter objetivo (y de hecho así se valora a través de los síntomas) pero el componente subjetivo es también importante: el problema de una persona puede que objetivamente sea menos importante que el de otra, pero puede vivirlo con una intensidad subjetiva mayor. Es decir, el fenómeno del sufrimiento es puramente subjetivo.
  • El propio concepto de “enfermedad mental” ha tenido y tiene críticas (la más notable es el movimiento “antipsiquiatría”) y sigue sometido a revisión. Por ejemplo, la homosexualidad se consideraba un trastorno mental no hace mucho tiempo. La medicalización ante trastornos como el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) está puesta también en tela de juicio y hay un movimiento contrario a etiquetar a niños con este diagnóstico. Parece que considerar algo como enfermedad mental tiene importantes connotaciones culturales que no podemos separar.
  • Ni siquiera el concepto de “enfermedad física” tiene unos límites claros. De hecho en muchos círculos médicos y de investigación científica se está considerando la vejez como una enfermedad. Esta visión es la que está sosteniendo inversiones multimillonarias para encontrar fórmulas que prolonguen la vida e incluso acaben con el envejecimiento. Bajo este punto de vista todos sin exclusión estaríamos enfermos (unos más y otros menos, evidentemente)
  • En nuestra cultura ha habido un movimiento muy importante de inclusión, dejando atrás esas divisiones que han creado (y siguen creando) gran marginación entre lo “normal” y lo “anormal”. Eso incluye la separación de los “enfermos” y los “sanos”. Comparto esa visión inclusiva y pienso que potencialmente todos estamos enfermos y potencialmente todos podemos estar sanos. Cuando se dan una serie de condiciones podemos estar en un grupo o en el otro. Y estas condiciones son cambiantes. La terapia se encargaría de ayudar a favorecer este cambio.
  • En mi opinión la mayor parte de la población mundial no podemos afirmar que estemos en un estado de plenitud mental completo y que hayamos llegado a trascender el miedo, el deseo, la frustración, la soledad, la culpa, el rencor, la adicción, las relaciones de poder, etc, etc, etc. A la mayoría nos afectan todas esas cosas. “Somos humanos” nos decimos y parece que con ello justificamos nuestras debilidades. Sin embargo hay personas que han llegado a un grado de realización mental o espiritual en la que han trascendido todo eso. Aunque estadísticamente sean muy pocos, si ellos lo han logrado ¿es que no podemos evolucionar el resto hacia ese lugar?
  • Por eso mismo, habrá parte de la población que quiera aspirar a sentirse mejor o a mejorar su estado de salud (física o mental). Hay personas que simplemente toman conciencia que su estado físico o mental que consideraban “normal” no es saludable. De ahí que se sientan motivados a cambiarlo. Cualquier estudiante de medicina o de psicología sabe que una enfermedad no surge de la nada sino después de un proceso del que la persona va a ser inconsciente en la mayor parte de las ocasiones. Puede que objetivamente no se les considere “enfermos”, sin embargo es muy válido y valioso el que esas personas quieran mejorar sus condiciones y su nivel de salud.
  • Hay otro detalle muy significativo en la definición de la OMS: nos habla de bienestar físico, mental y social. Lo social aparece como un factor vinculado con la salud (o la enfermedad). A mi juicio, es una gran verdad. Hay personas cuya causa de falta de salud (física y/o mental) proviene de motivos sociales: discriminación, rechazo, acoso, abuso de poder, conflicto, abandono, etc. Esto nos dice que muchos profesionales de lo social al tratar con personas también podrían estar haciendo una labor terapéutica. Para alguien a quien van a desahuciar de su casa, es posible que desarrolle una depresión, pero tratar esa depresión no le librará de quedarse sin hogar.

Tenemos entonces un primer triángulo importante acerca de las formas en que se presenta una enfermedad: Física – Psicológica – Social

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Creo que estas tres formas o modalidades no están separadas unas de otras en absoluto: por ejemplo, desde el momento en que una persona es diagnosticada con cáncer, se produce una reacción psicológica que puede ser difícil y negativa para la persona (podría entrar en depresión por ejemplo), pero también este hecho va a afectar a su entorno social (familiar, laboral, etc.) y cómo cada uno de estos responda se puede convertir en parte del problema (o de la solución)

Qué es terapia y qué es un terapeuta (una propuesta)

Después de este “bucear” en lo que es salud y enfermedad voy a “salir a la superficie” y a poner en claro algunos puntos sobre los que basarnos.

 

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Hacia un concepto de terapia “inclusivo”. Photo by Kelly Sikkema on Unsplash

 

  1. El concepto de salud y de enfermedad no tiene unos límites claros y está expuesto a la visión de la cultura y de las sociedades en las que se aplica. Por tanto lo que es terapia debería estar unido a la visión cultural y no es extraño entonces que cambie con el tiempo.
  2. Tres elementos conforman el objeto de lo terapéutico: el dolor (físico y su equivalente psicológico, el sufrimiento); el deterioro (físico o mental); y la conciencia de posibilidad de mejora. En mi opinión, de estos tres elementos el más relevante es el del dolor/sufrimiento porque cualquiera de los otros dos lleva a este.
  3. El fenómeno del dolor y del sufrimiento es una experiencia subjetiva aunque puede ser compartida socialmente. Esto -al menos de momento- no ha cambiado ni con el tiempo ni con las culturas y parece algo inherente al ser humano, con lo que se convierte en un factor clave para la definición de terapia.
  4. El segundo elemento definitorio de la terapia es el deterioro físico o mental que conlleva una pérdida de funciones o de capacidades o un riesgo de muerte. La “incapacitación” trae a la persona una serie de limitaciones para poder vivir una vida plena. Los distintos factores de deterioro (aunque sean naturales, como los propios de la vejez) serían objeto entonces de la terapia.
  5. El tercer factor que define lo terapéutico tiene que ver con la conciencia de posibilidad de mejora. Cada vez hay más información y más métodos para conocer nuestro estado físico, psicológico o social. Hace tiempo una persona podía ignorar que tenía un proceso cancerígeno y cuando este se manifestaba tenía la muerte cerca. Ahora podemos tener un diagnóstico de múltiples factores que predisponen al parkinson, a la depresión o al bullying en los colegios. Es lícito y sano que las personas se movilicen para no caer en ninguno de ellos.
  6. Estos tres factores también tienen una dimensión social. Existe un dolor social, un deterioro social y una conciencia de mejoría social. Ejemplos como el acoso, los fenómenos de odio o marginación, o la discriminación laboral nos hablan de esta dimensión. Aspectos tan importantes como los derechos humanos, los principios éticos universales o los ideales de “bien común” tienen que ver con estos trastornos sociales.
  7. Tenemos pruebas (cada vez mayores) de que existe una interrelación entre los trastornos físicos, psicológicos y sociales. Puede que aún no hayamos encontrado las claves que explican las conexiones de causa-efecto entre ellos, pero la relación existe y sería una buena noticia que trabajáramos conjuntamente los distintos profesionales en encontrar esas relaciones y su explicación.
  8. La forma en la que observamos los trastornos (sean de la naturaleza que sean) puede provenir de una visión dual de la realidad (hay un observador y un observado, la realidad está formada por entes separados que confluyen en un espacio y un tiempo y sólo existe lo visible o perceptible) o por una visión no-dual (la realidad son estados de probabilidad que se manifiestan en una forma concreta, donde no hay separación entre observador y observado, donde tiempo y espacio son relativos y donde la existencia de lo “visible” y lo “invisible” es potencialmente la misma). Esta segunda sería la que se corresponde con la visión transpersonal en psicología. La física cuántica habla sobre todo esto, aunque aún estamos en el camino de traducir estos hallazgos a la experiencia cotidiana.
  9. La terapia se debería valorar por los resultados que produce pero el sentido común nos dice que en muchos casos no es posible eliminar el dolor o el sufrimiento, no es posible evitar el deterioro y no se puede producir un avance o una mejora de las condiciones. Parece importante desarrollar métodos que nos permitan medir los resultados de la forma más completa y amplia posible. Quizá en la práctica terapéutica psicológica este es un aspecto a desarrollar.
  10. En muchas ocasiones la terapia va dirigida a tratar los síntomas. Al fin y al cabo los síntomas representan el principal foco de preocupación o sufrimiento para la persona y suele ser el motivo por el que acuden a pedir ayuda. Todo terapeuta sabe que los síntomas tienen un origen, una causa y, es habitual que esta causa sea difícil de identificar y por tanto costosa en términos económicos y de tiempo. Muchos tratamientos no se dirigen hacia la causa sino a compensar los efectos negativos de esta. Sin embargo no dejan por ello de ser terapéuticos.

En conclusión y a mi modo de ver, “terapia es un método o un proceso dirigido hacia una persona individual, grupo o colectivo con la intención de tratar un dolor o sufrimiento, el deterioro de funciones, capacidades o relaciones, bien para aliviarlos, detener su avance, producir una mejora notable o llegar a un estado de plenitud”. Y por extensión “terapeuta sería toda aquella persona que individualmente o en grupo pone su esfuerzo y su intención en aplicar con éxito una terapia de la que previamente tiene un conocimiento teórico y práctico profundo, a una persona, grupo o colectivo con los que se ha establecido una relación voluntaria y consciente basada en la confianza”. Implícita a esta definición estaría el hecho de que el terapeuta es sensible al dolor, el sufrimiento o el deterioro de la persona que trata y tiene una motivación para que eso se alivie o sane, pero esto es algo que sólo lo sabe el propio terapeuta y queda a su propia valoración moral. Desde fuera no se puede saber si el terapeuta trabaja sólo por dinero o por alguna otra motivación más “humana”. Con esta definición de terapia he querido:

  • hacerla inclusiva a muchas modalidades, es decir, que trate la curación o la transformación completa pero también cualquier signo de alivio;
  • incorporar las tres formas en las que se presentan las enfermedades (a no ser que veamos alguna más): física, psicológica y social
  • su dimensión individual y también grupal o colectiva

Y con la de terapeuta:

  • hacer énfasis en la profesionalidad a partir de un conocimiento teórico y práctico amplio y diferenciarlo de aquellos que se han formado poco y/o tienen escasa práctica
  • que la relación es voluntaria, no forzada, y consciente, se conoce por ambas partes, y está fundamentada en la confianza.

Por supuesto esto es sólo una propuesta. Ahora es tu turno. Aporta tus ideas y visiones. Conviértelos en un texto. Gracias.

1 Comentario

  1. Me encanta este post

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